Dentro de una casa, la producción de vapor de agua es constante y procedente de diversas fuentes, como las duchas, la cocina, secadoras, o los propios ocupantes del edificio.

Cuanto más caliente esté el aire, más agua puede almacenar, pero al enfriarse, no puede retenerla y libera el exceso. En ese momento, el agua pasa de vapor a líquido, depositándose en las superficies más frías que encuentre.

Si una ventana de aluminio no dispone de rotura de puente térmico, la superficie interior de sus perfiles estará muy fría por la constante fuga de calor, provocando que el agua se deposite generando la indeseada condensación.

Una familia de cuatro personas puede producir hasta 12 litros  de vapor de agua al día. Este vapor se difunde por todas las estancias y rincones de la vivienda. Allí donde el aire pase, vendrá acompañado de la humedad. La mejor solución para evitar las condensaciones es una ventilación regular de la vivienda.

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